Gantz México: Capitulo 4


Diario de Diego: 1 de abril.

Sin duda alguna, esta ha sido la peor noche que he tenido en mi vida. Bueno, sé que no podía pedir mucho, ya que solo iba a dormir cuatro horas, pero siquiera que hubiera descansado un poco el cerebro hubiera sido suficiente.

Amanecí más fatigado que cuando me acosté. Resulta que durante esas cuatro horas de sueño tuve una pesadilla por demás horrible. Esta consistió en que revivía los eventos de ayer una y otra véz, y cada momento se hacía más intenso. Los gritos sonaban más fuerte, las bestias eran más violentas, la sangre apestaba más...
  
Bueno, basta de sentimentalismos que nunca voy a acabar.

El levantarme de la cama fue un completo martirio. Hasta este momento sigo sin entender cómo fue que lo hice. Es más, salvo por unas cuantas imágenes en mi cerebro, ni siquiera recuerdo haberme bañado. Es como si todo hubiera estado automatizado y no fuera consciente de lo que hacía.

 En el desayuno, mi madre trató de sacarme el tema de mi llegada nocturna. Le inventé que unos amigos me invitaron a un evento de anime y videojuegos en el cual podías entrar de manera gratuita si traías un disfraz. Por eso un amigo me hizo el favor de prestarme uno que sospechosamente tenía mi medida exacta. Pero terminado el evento, hubo una manifestación muy violenta por el lugar, lo que hizo que yo y mis compañeros nos separáramos. De ahí estuve deambulando sin rumbo y con lo que traía puesto, ya que mi ropa la había dejado en la casa del tipo que me prestó el disfraz.

Para ser sincero no sabía si mi madre al final se tragó eso, pero no estaba completamente funcional para poder inventarme algo mejor y además no era mucho de mi importancia. Solo quería dejar o evitar el tema a como diera lugar.

En realidad no tenía muchas ganas en contar como me fue en la escuela ya que ni para mí tenia importancia. Pero, resulta que pasó algo muy interesante y que hasta este momento no me lo puedo creer: encontré a Jaqueline en mi escuela.

Lo recuerdo perfectamente. Ella traía una blusa rosada y unos jeans bastante lindos. Me hubiera encantado hablarle pero por alguna razón mi cuerpo no reacciono cuando quise hacerlo. Y ahí estaba ella, a unos cuantos metros de mí, sonriendo y charlando con su pequeño grupo de amigas, y yo parado como un tonto nada más viéndola. Pero, la verdad es que no me sentía mal, al contrario, el verla sana y salva con una expresión tan feliz fue suficiente para sentirme satisfecho. Pero mis reflexiones sobre la chica fueron abruptamente interrumpidas cuando llegó un tipo alto y con un cuerpo muy bien formado a besarla directo en los labios. Fue entonces que me fui.

Como dije anteriormente, la escuela transcurrió sin nada interesante, pero al final de ella todo comenzó a ponerse tenso.

Resulta que cerca de mi escuela hay un pequeño callejón donde se reúnen diferentes narcomenudistas a intentar vender su mercancía a los alumnos más ingenuos. Cualquier persona que lleve al menos un año en mi escuela sabe que nunca debe acercarse ahí. Pero, aunque es mi caso, tengo la mala fortuna de que el camión que me deja cerca de mi casa hace parada cerca del dichoso callejón. Afortunadamente, estas personas desean llamar la menor atención lo menos posible por lo que pude pasar cerca de ahí sin que me dijeran absolutamente nada.

Pero esta vez fue diferente ya que no adivinaran a quién me encontré. ¡Al tipo de los tatuajes que saco más puntos que nosotros!

Recé, a pesar de que no soy muy religioso, a todos los santos de todas las religiones que conocía para que no me viera, pero comprobé que, como todas las cosas que encomiendo a dios, todo fue en vano.

Directo que pase por ahí ese sujeto dejo de lado a un chico a quien le daba un sobre de cocaína y clavo su mirada en mi. Trate de acelerar el paso discretamente tratando de no volver la mirada, pero en cuanto iba subir al camión sentí una mano que tocaba mi hombro.

-¿A dónde y con tanta prisa, cabroncito?- me dijo el tipo sonriendo de manera maliciosa.

-Ehhh... yo...- dije mientras buscaba cambio en mis bolsillos para el transporte - Solo tomaba el autobús para mi casa.

 -Oh, que interesante.- contestó el sujeto de manera irónica - No te olvidaste del compromiso que tenemos tú y yo, ¿verdad?

Respondí moviendo mi cabeza de manera negativa.

-Qué bueno. Es más, yo pago el viaje de los dos hasta el metro.

Después de sacar unas monedas de su bolsillo, los dos subimos y buscamos dos asientos juntos. El trayecto se me hizo agobiante. Su olor a sudor, thinner y marihuana prácticamente me asfixiaba, y no podía creer como nadie se daba cuenta de ese olor y le reclamaban. Aunque la verdad yo no le reclamaría nada a un sujeto como ese, capaz y me mete una bala en el cráneo.

Llegamos a la parada de autobuses, que a su vez era la estación "Constitución" del metro. Subimos por la salida "E" hasta llegar a las cajas. El tipo de nuevo pago el traslado y subimos al tren.

Cuando por fin llegamos a la estación "UAM-I" que a pesar de que solo fue una estación, a mi parecer el trayecto se me hizo eterno, salimos del subterráneo y caminamos hasta el parque "La purísima".

-¿No hubiera sido más fácil que me preguntaras lo que me ibas a preguntar haya en el callejón? - pregunté tratando de aliviar un poco el silencio incomodo que teníamos desde hace un rato.

-Siempre que quiero arreglar un asunto de importancia me gusta hacerlo en este parque, yo tengo mis razones.- finalizo aquel hombre.

Cuando entramos pude ver a lo lejos a Jaqueline. Venía vestida igual que cuando la vi en mi escuela.

-Una cosa más,- añadió el tipo de los tatuajes mientras nos acercábamos a Jaqueline- si en algún momento te da por estar de chismoso, te vas a arrepentir- dijo mientras levantaba su camisa mostrándome una pistola guardada en el cinturón de su pantalón. Tragué saliva al ver eso.

Cuando por fin nos encontramos con Jaqueline, ella nos saludó muy cordialmente, a lo que yo respondí de manera temerosa mientras que aquel sujeto solo mantuvo una mirada fría.

Nos fuimos a sentar a unos troncos cortados en la zona verde del parque y ahí fue donde comenzaron las explicaciones.

-Muy bien niñito, comienza a hablar.

-Pues, ¿qué quieres que te diga?

-No te hagas wey conmigo, se ve que sabes demasiado lo que nos pasó anoche y quiero que me digas que es y como lo sabes.

-Si te lo dijera no me creerías.

-Pruébame.

Comencé a explicarles que era esa habitación, cuál era su nombre, el porqué de lo que hace, en fin, todo lo que yo sabía.

-Déjame ver si entendí- me interrumpió de nuevo el tipo de los tatuajes- ¿quieres decir que esa chingadera no es de este planeta, sino de otro pinche mundo más inteligente que nosotros y que la mandaron acá para poder defendernos de extraterrestres que vienen de un jodido sistema solar que exploto?- perdonen las groserías pero transcribí todo lo que dijo exactamente.

-Sí- respondí- Básicamente es eso, y cada vez que matamos a esos monstruos nos dan puntos, como los que aparecieron al final.

-¿Y para que chingados son?- pregunto de nuevo el tipo. Jaqueline solo callaba y escuchaba.

-Cada vez que juntamos cien nos darán un premio.

-¿Qué clase de premio?- por fin hablo Jaqueline.

- Son tres opciones: uno, revivir a una persona que haya muerto en las misiones; dos, obtener una mejor arma, una que destruye todo lo que tiene en su rango; o tres, nuestra libertad.

- ¿A qué te refieres con "nuestra libertad"?- pregunto el de los tatuajes visiblemente alterado.

-Esa esfera nos transportara a la habitación siempre que quiera. Solo dejaremos de participar si ganamos cien puntos y pedimos ser libres, o si morimos.


-¡No me chingues!- grito el tipo mientras se levantaba, pateaba su asiento y se llevaba las manos a la frente. Jaqueline solo miraba al suelo muy perturbada - ¡¿esa mierda nos puede volver a llevar ahí siempre que quiera y en donde estemos, a la hora que sea!?

Respondí afirmativamente con la cabeza. El tipo de los tatuajes volvió a patear su asiento y a maldecir a

-Y ahora dime, ¿cómo mierda sabes eso?- me pregunto el tipo

-Por un comic japonés.

-¿Esas chingaderas que leen los putitos amantes de lo japonés? ¿Estas chingando conmigo?- el de los tatuajes volvió a alterarse.

-Mira, cuando ganas tu libertad tu memoria es borrada, pero después empiezas a tener ciertas lagunas sobre lo que paso. Tal vez el creador del manga estuvo ahí y los pequeños fragmentos de su memoria lo hicieron crear esa historia.

-Esto no puede ser real, tiene que ser una puta broma.- siguio diciendo ese tipo.

-Escúchame, esto se pondrá cada vez peor, tenemos que prepararnos y ...

- ¡Prepararnos mis nalgas! Todo esto es tú culpa cabrón. Sé que lo es.- en ese momento el desgraciado saco su arma y me apunto.

- Oye, cálmate. - dije bastante asustado. Él solamente seguía gritándome una cantidad incalculable de insultos y groserías. Pero, no escuchaba nada. Por alguna razón mi mente entro en una especie de trance. Fueron en esas lagunas mentales que comencé a reflexionar sobre todo lo que había dicho. Estaba en una situación en que podía morir en cualquier momento, y lo peor de todo era que nadie sabría que me paso. Ni mi madre, ni mi hermano pequeño. Y para rematar, a mi familia yo siempre le contaba todo, y eso ayudaba a que los problemas pasaran rápidamente. Ahora ni siquiera tenía eso. En palabras simples, mi vida estaba arruinada. -Bien, dispárame cabrón, prefiero morir de una vez a que me maten esas mierdas y mi madre no tenga un cuerpo al que llorarle. ¡¿Qué esperas!?, ¡hazlo ya!- grite en un ataque de histeria. Mientras veía al de los tatuajes un tanto extrañado y dudoso sobre dispararme, Jaqueline estaba muerta del miedo. Todos comenzaron a correr y se escuchó el ruido de unas sirenas. Ese tipo guardo su arma en su pantalón de nuevo.

-Solo te diré una cosa, no te metas en mis asuntos y no te quiero volver a ver en un buen tiempo.- me dijo ese sujeto con mucha frialdad.

-Solo dime algo, ¿cómo te llamas?- pregunte algo más calmado.

-Tu solo dime "El Chacal- fue lo último que dijo antes de echarse a correr.

Después de eso, todo se me hizo oscuro y nubloso.

Desperté en una camilla de hospital con varios aparatos conectados a mí. Al parecer debido a la intensidad de los eventos mi cuerpo no lo soporto y me desmaye. En un escritorio encontré una nota con unas flores que decía: "Espero que te recuperes. Jaqueline". Eso me reconforto un poco. Pude ver a mi mamá afuera de la habitación hablando con un doctor. Vi por la ventana que ya era de noche. En una silla cerca de mi cama se encontraba mi mochila. Me acerque a ella y saque el cuaderno donde estoy haciendo este diario y una pluma. Lo escondí debajo de mi almohada y trate de dormirme, lo cual conseguí por alrededor de dos horas.

Ya más tarde que desperté vi que mi habitación estaba vacía. No me molestaba que no estuviera mi madre ya que de verdad no quería verla debido a que no estaba de humor para un nuevo interrogatorio.

Falta poco para que apaguen las luces en el hospital así que lo mejor será que termine pronto antes de que me quede sin luz. Además de que estoy bastante cansado y aprovechare para dormir lo más que pueda, ya que no sé cuándo volveré a tener oportunidad.

Hasta entonces: Diego Bustamante.

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